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ESCUELA BÍBLICA Y LA GRAN AVENTURA (Lección 9)

AYUDAR A OTROS. COMPARTIENDO EL REGALO DE DIOS.
“¿Qué harías para ayudar a un amigo? ¿Lo ayudarías aunque fuera difícil para ti? ¿Subirías a la cima de una montaña para salvarlo si se hubiera resbalado y caído? ¿Caminarías hasta el otro lado de la ciudad para conseguir medicamentos si los necesitara? ¿Lo harías a media noche? ¿Pasarías tiempo cada semana con alguien para ayudarlo a aprender a leer? – La siguiente historia acontece después de que Jesús había estado viajando a muchos lugares enseñando y sanando a la gente. Multitudes se reunían para escuchar lo que él tenía para decir. Le traían gente enferma, esperando que sus amigos y familiares fueran sanados. Esto es lo que un grupo de amigos hizo en la siguiente historia. Ellos creyeron que Jesús tenía el poder para sanar a su amigo. Ellos hicieron algo realmente ingenioso y valiente para traer a su amigo a Jesús”

Jesús sana a un paralítico. “Aconteció un día, que él estaba enseñando y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. Pero no hallando como hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados. Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios. Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaba a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas.” (Lucas 5:17-26)

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