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El Humor Prueba del Caracter

A todos nos gustan los chistes, pero no cuando son acerca de nosotros. A todos nos gusta el humor, pero no cuando somos el blanco. Tampoco nos gusta cuando se dirige al cónyuge, al hijo o a la familia nuestra.

Hay humor bueno y hay humor malo. El humor inocente que alegra el corazón no involucra a nadie presente. Aún el humor que usa la fisonomía, el color, la raza o defectos físicos contiene algo que puede herir a alguien presente.

El hombre de Dios y la mujer de Dios no deben ser conocidos como los que se burlan de nadie. No somos llamados a ser el payaso o el hazmerreír del grupo, especialmente cuando se hieren los sentimientos frágiles de otros. “Las moscas muertas hacen que el ungüento del perfumista dé mal olor; un poco de insensatez pesa más que la sabiduría y el honor” (Ecl. 10:1). Para el siervo o la sierva de Dios, un solo desliz en el humor negro puede negar mucho de lo bueno que quiere hacer y cancelar mucha buena enseñanza. Cada vez que veo a cierto conferencista famoso recuerdo un chiste un poco malo que me contó. ¡Cuidado con el humor! Es espada de dos filos.

Es bueno tener un sentido de humor. Dios nos hizo con este don. Algunos lo tienen más que otros, pero toda persona normal puede reírse. Dios mismo tiene un muy buen sentido de humor, pues me hizo a mí como soy. La Biblia dice que se ríe de los reyes de la tierra que creen que pueden sublevarse contra Su voluntad (Salmo 2:1-4). Los judíos tienen un dicho: “Los hombres hacen sus planes y Dios se ríe.” Un amigo me preguntó: “¿Sabes cómo hacer reír a Dios? Cuéntale tus planes.” Sí, el humor bueno es un don de Dios. Pero el humor cínico, burlón, denigrante, sucio, “colorado” o racista no es buen humor que edifica ni da gracia a los oyentes (Ef. 4:29). Con razón, el versículo “No entristezcáis al Espíritu Santo…” viene después del que habla del mal uso de la lengua.

La plenitud del Espíritu produce el fruto del amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; no el humor que puede herir, molestar, inquietar o enojar a otros. Lo opuesto de la plenitud del Espíritu es la vida carnal y egoísta que tiene el gran deseo de ser admirado (por ser inteligente, gracioso o mejor que otros), no importa si es a costa de los sentimientos de otros. Detrás del humor que ataca a otros está el orgullo. No es posible imaginar a Cristo Jesús haciendo este tipo de comentarios a Pedro, Juan o María Magdalena. Si no puedo concebir a Cristo haciendo algo, no debo sentirme cómodo haciéndolo tampoco. El es nuestro modelo, no los comediantes de la televisión o los bocones de la oficina. Ser como Cristo es la meta que debe guiarnos en nuestra conducta diaria.

Hay muchas cosas peores que el humor abusivo pero necesito recordarme constantemente que la “maestría” en el carácter es tanto la victoria en las cosas pequeñas como en las grandes. Los pintores más famosos son los que son buenos en los pequeños detalles. Seamos íntegros en toda la vida. No dejemos que las peque ñas debilidades nos roben las bendiciones.

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